"Este ritmo nacional que
va a andar y va a andar..."
Por Juan Carlos Mogni
En torno a nuestros artistas populares se teje gran parte
de las tramas vivenciales de los habitantes que integran y
construyen la dinámica de las sociedades de una región o país.
Eleuterio Pigliapoco -el Maestro- es uno de nuestros
músicos populares alrededor de quien, habitantes de diferentes
generaciones de nuestra región, y más allá de los límites de
ella, han vivenciado la picardía, la musicalidad sencilla, el
humor, el ritmo bien marcado, la alegría, los contactos de
cuerpos y de corazones, la reunión social; hechos generadores de
experiencias amorosas genuinas, inolvidables.
'Estoy como Pigliapoco . . . no tengo fecha libre'
"Se trata de un fenómeno capaz de atraer a las más
grandes multitudes. Realizar un baile con él de por medio es
asegurarse el éxito completo.
Cuando Oreste Pisani comienza a entonar su consabido 'Qué
pasa Pascualito...', el reconocimiento del público se hace
inmediatamente general y la alegría vuelve a reinar en cada una
de sus presentaciones."
"Un fenómeno llamado Eleuterio" - SHOW -Revista
Quincenal - Año VI Nº150 - Del 23/9 al 6/10/78
Quien tiene la virtud de reunir al pueblo a corporizar sus
sentimientos, de los buenos y de los otros, las impotencias y el
desencuentro cotidiano. Por intermedio de quien el pueblo gira y
gira, celebra la vida, caderea ese ritmo simple, terrenal,
alegre, hasta quedar exhausto -cansancio que no duele-. Ese ritmo
impregnado del colorido sonoro de la musicalidad de nuestros
ancestros que se atrevieron a cruzar el charco, combinado con el
aire americano que los recibió.
Quien tiene la mágica capacidad de generar tanta
convocatoria, en medio de una invasión -emanada de los medio de
comunicación masivos- de música, sistema de vida, palabras,
forma de vestir..., extranjeros, que en los años '70 no tenía
fecha libre; veinticinco bailes por mes, contratados, en algunos
casos, hasta con un año de anticipación. Por ello se creo el
dicho pronunciado en toda la zona hasta Rosario: 'Estoy como
Pigliapoco, no tengo fecha libre'.
Quien tiene el poder de conquistar la atención del pueblo con
sus creaciones sencillas -ritmos bien marcados y melodías
agradables- que surgen en su vida a partir de los años '60 con
la composición en tiempo de tango del tema: "Esclavo de tu
amor', dedicado a su esposa; y con la interpretación de obras de
otros autores en su estilo particular que siempre lo identificó,
influenciado por don Feliciano Brunelli en el género
Característico y por don Juan D'Arienzo, en el Típico.
Quien reúne estas condiciones no es un músico popular más,
es un músico que ha logrado ser representativo dentro de su
ámbito y aquí, a mi criterio, no podemos separar sus virtudes
musicales -como instrumentista, arreglador y compositor-, de las
humanas, que conforman su carácter: humildad, sensatez,
respetuosidad, apertura y calidez afectiva en el diálogo,
integridad, gesto cordial, ética profesional, son algunos de los
rasgos de su personalidad en los que la gente -sus seguidores- ve
a un hombre más allá del músico y le entrega, como
reconocimiento, su cariño -premio mayor para el Maestro Eleuterio-
Además de ese gran premio, que implica gestos cargados de
afecto a través de correspondencias y llamadas telefónicas
recibidas semanalmente, obtuvo el Disco de Oro de parte del Sello
rosarino Europhone en el año '78, por alcanzar la venta de
100.000 placas. En el mismo año, el Sindicato de Músicos de
Rosario le otorgó la Lira de Plata. Recibió, también,
reconocimientos de la Sociedad Argentina de Autores y
Compositores (S.A.D.A.I.C.), entre otros, cuya lista es extensa.
Un reconocimiento que halagó al Maestro fue un acontecimiento
que ocurrió hace años atrás. Un día que en Villa Cañás el
club Sportsman organizó un baile, dos colectivos repletos
vinieron de la ciudad de Junín; como llegaron con cierta
anticipación, ambos micros recorrieron el pueblo con sus
pasajeros, medio cuerpo afuera, vociferando el nombre de su
ídolo: Eleuterio, Eleuterio, Eleuterio... Son vastos los
recuerdos de este tipo que tiene el Maestro. En marzo de 1980 la
gente del club Rivadavia de la ciudad de Pergamino le dio otra
gran satisfacción al inaugurar una pista de baile bautizada:
Eleuterio Pigliapoco.
Otro rasgo que compone a esta personalidad sensible es un
profundo amor por su familia, que se ve reflejado en sus
composiciones.
"Quiero destacar que entre mis temas he compuesto para mi
familia: mi primer tema, 'Esclavo de tu amor' dedicado a mi
esposa; más adelante, 'Mónica Rosana' dedicado a mi hija;
Anabella Cecilia, a mi nieta; y por último, 'Diego Fernando', a
mi nieto."
'Los Caminos que Recorrió el Maestro'
Eleuterio Pigliapoco nació en Villa Cañás en el año 1930.
Pasó su infancia y adolescencia en el campo con sus padres, en
aquel entonces Campo Rueda, cerca del almacén Las encadenadas
(Boliche de Campo), hoy campo Cargill. En ese lugar y en aquel
tiempo se revela en él su pasión por la música y por el
acordeón a piano, instrumento muy popular en esa época.
"El entusiasmo por la música y por el acordeón me
surgen desde muy pequeño, aunque mi primer instrumento fue la
armónica, por su accesibilidad económica para mis padres.
"Cuantas veces lo veía a mi gran amigo y colega Silvio
Falleroni con su acordeón, en aquellos bailes de campo en carpa
tan especiales, con su popular orquesta 'Característica del
Aire'."
De muy jovencito con su armónica, junto a Pablo Barucca en el
mismo instrumento, Alejandro Barucca y Enrique Ambrosetti en
guitarras, salían a dar serenatas los días 24 y 31 de diciembre
y, además, animaban fiestas familiares. Esto no era suficiente
para el Maestro, quería estudiar para crecer en sus
conocimientos musicales y poder ejecutar su instrumento
preferido. Pero un problema grande se le presentaba, la distancia
entre el campo donde vivía y el pueblo no era pequeña y debía
ser recorrida en sulky. Por ese inconveniente decidió estudiar
música, junto a Oscar Crema y Norberto Cassini -amigos y
vecinos-, por correo.
"Tratamos de estudiar por correo, sin obtener resultado
alguno, hasta que charlamos con Jacinto Elisei en el almacén
'Las Encadenadas', él nos dijo: "por correo no se
aprende". Como este hombre sabía algo de música y
ejecutaba el bandoneón, propuso darnos las primeras
lecciones."
Así, el Maestro transita los primeros caminos, a caballo,
durante siete meses recorre una legua (cinco kilómetros) para
recibir las lecciones de Don Jacinto. Cuando este buen hombre
pensó que ya había entregado todo lo que sabía, lo deriva del
Gran Maestro Ambrosio Bianchi que residía en el pueblo de Villa
Cañás.
"Yo tendría 16 o 17 años cuando veníamos con Oscar
Crema y Pancho Guerini al pueblo en sulky, a lo del Gran
Maestro."
El Gran Maestro Bianchi (1870-1953) fue un hombre muy completo
en sus conocimientos sobre música. Si bien no era un erudito en
la ejecución de un instrumento en particular, tenía un
conocimiento global sobre la mayoría de ellos (piano,
bandoneón, acordeón, instrumentos de cuerda incluyendo arpa, de
viento, y percusión) fue arreglador y compositor, y creó la
Banda más importante que tuvo el pueblo de Villa Cañás.
Transmitiendo sus conocimientos a varias generaciones,
desarrolló la época más brillante de la historia musical de
este pueblo. El Gran Maestro fue un hombre extraordinario como no
hubo otro hasta la actualidad, en lo que a docencia de este arte
se refiere.
Al cabo de estudiar durante un año con él, Lido Fontanini y
Aniceto Palma, directores de la orquesta 'Característica los
Tres Acordeones', lo incluyeron en la misma. Un año estuvo con
ellos hasta que le tocó el Servicio Militar, donde participó en
la banda como Trompetista.
Concluida esta etapa regresa a su querido pueblo para integrar
la orquesta 'Cuarteto Boedo', de un conocido músico cañaseño,
Eduardo Tirabasi.
"Con Eduardo ejecutábamos pocos temas juntos porque él
se dedicaba al genero Típico (tangos y milongas) y yo, con los
mismos músicos, interpretaba el género Característico
(rancheras, corridos, pasodoble...).
"Con Eduardo estuvimos juntos, más o menos, durante un
año."
Una grave enfermedad que padece el Gran Maestro Bianchi a la
edad de setenta y ocho años, que lo desvincula definitivamente
de la docencia en el año '48, interrumpe los estudios sobre su
instrumento que venía realizando desde hacía un año y seis
meses. Para concluirlos, decide partir hacia Bs. As. junto a
Felix Molina y su familia (familia de músicos parientes de él).
Allí para mantenerse realiza durante un tiempo actividades
paralelas ajenas a su vocación. Trabajó como obrero, el mayor
tiempo, en el ferrocarril, y en la fábrica Nestlé, atendiendo
una máquina empaquetadora. En tanto, estudia y se recibe, en
poco tiempo, de Profesor Superior de Acordeón en el
conservatorio Olson. En esa época, en Bs. AS., integró el
cuarteto de Mario Acerboni de L.R. 6 Radio Mitre.
"A igual que con eduardo Tirabassi él interpretaba el
género Típico y yo, el Característico con el seudónimo de
Tito Varela.
"Como Acerboni tenía una agencia de espectáculos me
organizó una gira entre Bahía Blanca y Río Negro con el
seudónimo de Rudy Dalton. Estos sobrenombres, con los que yo no
estaba de acuerdo, me los ponía el mismo Acerboni y los aceptaba
porque necesitaba trabajar."
En esos años, a fin de la década del '40 y principio del
'50, el Maestro Eleuterio actuó de cambio, remplazando a
titulares, en conjuntos tales como 'Los American Jazz', 'Rodolfo
de Forte', 'Anuel Perez', entre otros. Junto a sus familiares
Molina -Felix, Raúl y Osvaldo- en el año '54, acompañados por
dos músicos porteños, forma su primera orquesta con la que hizo
presentaciones por el Gran Bs. As., y posteriormente ingresó a
L.S. 4 Radio Porteña (actualmente Radio Continental) donde
actuaron en un programa durante varios años.
"Ese programa de radio nos ofreció giras por La Pampa,
Entre Ríos, Córdoba, y hasta por mi pueblo natal.
"Recuerdo..., dos veces en el club Studebaker, escuela
Mangaterra, escuela las Encadenadas, campo Quirno..."
El Maestro Eleuterio extrañaba su pueblo, aquellos bailes de
campo contenidos de un clima familiar, ausente en los de ciudad.
Como buen sentimental y creyendo poder lograr su éxito desde
aquí, por estas razones, en el año '61 regresa a Villa Cañás.
"Los primeros integrantes de la orquesta fueron: Oreste
Pisani, Cliver Ferrario, Alberto Carmana, e Idamo Fontanini.
"Desde el año '61 hasta la actualidad, además, estuvieron
en mi conjunto: Emilio Bertozzi (Luis Emilio), radicado en
Pergamino; Luis Danloy; Juan Carlos Borsini; Hipolito Elisey;
Omar Farina; Ramón Urquilla; Eduardo Malagolli; Miguel Angel y
José María Mian, Ruperto Avalis y Juan Carlos Saavedra.
"Los colegas y amigos que pasaron por mi conjunto como
reemplazantes o colaboradores en mis grabaciones fueron: Juan
Oscar Brugnara; Wilmar Aleu; Rubén Borsini; Eduardo Tirabassi
(Padre) y Eduardo Tirabassi (Hijo)."
'Identidad'
Si bien Eleuterio expresa bien claro que la identidad musical,
que le da éxito o no a un conjunto, no se la dan las personas
que la integran sino que se la imprime el director con sus
arreglos, delineando un estilo propio, auténtico, consideramos
que, al margen de lo estrictamente musical, coexiste una
identidad humana, expresiva, desarrollada en el contacto directo
con su público, generando lazos inconmensurables a través de la
ética, el profesionalismo, y esa capacidad que tienen los
artistas -sus integrantes- de entregar lo mejor de ellos a la
gente.
"Cuando vuelvo a Villa Cañás, entre los primeros
integrantes está Oreste Pisani, quien le da a la orquesta una
especial imagen que no tenía antes. El animaba, bailaba,
zapateaba, cantaba en italiano, hacía gestos cómicos,
morisquetas...
"Los chicos y los grandes nos esperaban para ver,
además, a Oreste Pisani."
El integrante de más permanencia dentro de la orquesta
treinta años haciendo de las suyas, Oreste Pisani, es alguien
con habilidades humorísticas corporales espontáneas, con una
gracia genuina en sus modos de interpretación, cantando gaitas y
rancheras, que lo convirtieron en una figura aparte,
desempeñando el oficio de Payaso.
"Cuando estaba en Bs. As. ya había logrado un éxito
similar al que obtuve desde mi pueblo, pero posiblemente, cuando
se incorpora Oreste se agranda, aumenta la simpatía de la gente
que empieza a decir, con respeto y cariño, la orquesta de
Pigliapoco tiene un Payaso."
Omar Farina es otro de los integrantes que, como presentador,
al costado del aspecto estrictamente musical, cumplió un rol
importantísimo. El presentador, sin ser músico, tiene a su
cargo la particular labor de crear los climas al inicio de cada
actuación, y entre tema y tema.
"Omar hizo buena campaña conmigo, ya que es un muy buen
animador que, con su locución se adaptaba, con altura, a los
distintos momentos de una presentación. Humor de por medio
-contaba cuentos, decía chistes-, e intervino con recitados, por
ejemplo, con el que hacía la introducción a "La
Cumparsita" obtuvo una amplia aprobación del
público."
Eleuterio ocupa un lugar especial en la vida social y
cultural de una vasta región.
Eleuterio, en total cuenta con doscientos treinta y cinco
temas de su autoría, algunos de ellos compartidos con autores de
otros lugares.
Compone letras y músicas que no sólo son ejecutadas por su
orquesta. Cuarteto Leo de Córdoba grabó el primer gran éxito
del Maestro: 'Se va Camila', y lo difundió en Uruguay, Paraguay
y Chile. 'Buscate novia, Pascualito' y 'Ponele la firma que va a
andar', fueron también ejecutados por otros conjuntos.
Nunca actuó en el exterior, mas trascendió las fronteras del
país de otras maneras, además de la ya mencionada.
"En el año '78, te acordás, cuando se jugaba el Mundial
(de fútbol) en Rosario, mis L.P. estaban en pleno apogeo,
respaldados por una promoción del Sello grabador y por la
difusión de las disquerías, ...¡había un revuelo con el 'Qué
pasa Pascualito'!, que el extranjero no sabía de qué se
trataba, pero compraba."
Aparte de esta anécdota, sus L.P., para fin de la década del
'70 fueron distribuidos en los países limítrofes: Chile,
Uruguay y Paraguay.
La actividad orquestal no sólo requiere un amor especial por
la música, sino también, por las trasnochadas, los viajes, el
contacto con la gente..., por un particular sistema de vida que
al Maestro le gustó, aunque no tanto como las grabaciones que le
producen una emoción vinculada con lo puramente musical, con el
placer de escuchar bien a la orquesta.
Paralelamente a la actividad orquestal, cuando estaba en
Bs.As., comenzó a dictar clases de música y de acordeón y las
continuó al regresar a Villa Cañás. Llegó a tener ochenta
alumnos. Tuvo que abandonar la docencia desde que la cantidad de
bailes mensuales, en la década del '70 ascendió a veinticinco.
Le resultaba imposible mantener ambas actividades.
Eleuterio tiene tres acordeones, uno es el que usa
normalmente, lleva otro siempre de auxilio en el colectivo y el
tercero es un acordeón a piano electrónico que puede funcionar
como los otros, pero, además tiene una valijita que contiene el
cerebro (sintetizador) que imita instrumentos de viento, cuerda,
órgano y batería.
"El público mío reconoce a este instrumento, su
jerarquía, pero prefiere el acordeón tradicional. Ya estoy
identificado así. Antes de comprarla sabía que esto iba a
suceder, pero la adquirí por gusto personal."
La música nacional popular es de su predilección. Entre
otros, Feliciano Brunelli y Juan D'Arienzo, Los Iracundos,
Francisco Canaro, Los Wawancó, José Colángelo y Sexteto Mayor,
son los autores y conjuntos que le gusta escuchar cuando está
tranquilo en su casa.
Con los sueños de su vida ya cumplidos y agradecido a Dios
por todo lo que le ha dado nos menciona, con cierta dificultad,
los bailes que yacen más presentes en su memoria.
"Recuerdo los bailes de campo de la Escuelita Magnaterra,
los del campo Goapper. Eran bailes grandísimos.
"De los de ciudad, no me olvido un baile de carnaval en
Arroyo Seco al que concurrieron ocho mil personas.
"Los bailes del club Rivadavia de Pergamino me dieron
muchas alegrías inolvidables.
"En Junín, un baile organizado por la Sociedad Rural al
que asistieron seis mil personas, para el que los organizadores
hicieron dos escenarios para que me presente una vez en cada uno,
y de esta manera, todo el público me pudiera ver."
Eleuterio compuso el Himno de El Club de los Abuelos de Villa
Cañás, éste participó en un concurso de himnos a nivel
nacional e internacional organizado por la ciudad de Carlos Paz,
Pcia. de Córdoba. Conquistó el segundo puesto recibiendo la
aprobación completa del público presente. Paradójicamente, el
primer puesto lo consiguió el himno del club de los abuelos de
la ciudad organizadora.
En la ciudad de Junín, a fin de la década del '70, actuaron
la misma noche en distinto sitio Eleuterio y Sergio Denis. El
Maestro metió el doble de público que el famoso cantante
romántico.
En el año '78, en la ciudad de Rosario, en el ranking de
ventas de placas discográficas se hallaba en primer lugar
Eleuterio Pigliapoco; lo seguía, segundo, Julio Iglesias.
Cuando vino a Villa Cañás, en el año 1992, Antonio Tarragó
Ros, en medio de su actuación, expresó verbalmente una profunda
revalorización de nuestros músicos populares y envió
públicamente, como señal de reconocimiento, un afectuoso saludo
a un amigo suyo y de su padre, a Eleuterio Pigliapoco.
El programa de radio rosarino de L.T.2 'Almacén la
Candelaria', apadrinado por el Maestro, le envió, en diferentes
oportunidades, cinco placas a modo de premio a su exitosa
trayectoria.
Personas de otros pueblos han preguntado a residentes de Villa
Cañás: ¿Ustedes lo ven por la calle a Eleuterio? ¿Tienen
acceso a él?
Son muchas más las cosas que se pueden contar sobre la
trayectoria de una persona como Eleuterio Pigliapoco y su
orquesta, porque es uno de nuestros artistas populares, que como
tal, contiene una suma de experiencias enormes que resultan de un
constante contacto directo con el cuerpo y el corazón de la
gente que lo reconoce y estima.
Pertenecer a la lista de nuestros Artistas Populares más
importantes de la zona es ocupar un lugar especial en la vida
social y cultural de nuestros pueblos, porque ellos amasan y
entregan el alimento espiritual que devuelve las ganas de vivir,
la energía buena, al hombre común, a los paisanos (hombres de
la tierra) de una región, que construyen la historia cotidiana
de un país que sufre, que ríe, que llora, que canta, que
sueña, que se desvanece, que baila...
Sí, sí, sí... ese ritmo nacional que va a andar y
va a andar.